El Tribunal Militar Territorial de A Coruña ha condenado a dos años de prisión a un subteniente de la Brigada Galicia VII, Brilat, como autor responsable de un delito consumado de abuso de autoridad en su modalidad de acoso sexual por acosar a una soldado durante meses, entre junio y noviembre de 2020.
La sentencia condenatoria también implica revocar el ascenso de este mando militar, pues ascendió de brigada a subteniente durante la instrucción de esta causa, y tendrá prohibido comunicarse con la víctima y con su familia y pareja -también militar-, durante cinco años.
Además, en concepto de responsabilidad civil, deberá indemnizar a la soldado con 50.000 euros por los daños que le ocasionó, pues un informe médico concluye que sufrió daño psíquico a consecuencia de ese acoso y presenta un trastorno por estrés postraumático, con sintomatología ansioso depresiva y estuvo de baja.
El acusado era superior de la víctima y la citaba para mantener largas reuniones en las que no se trataban asuntos del servicio, sino personales. Según recoge la sentencia, mantenía largos silencios mirando a la soldado de arriba abajo, suspirando y moviendo la cabeza de lado a lado. Le preguntaba si quería un abrazo, a lo que ella siempre respondía que no, y él le decía frases como "tú lo que necesitas es un abrazo mío", "me gusta hablar contigo" o "me pones nervioso".
El primer contacto físico se produjo en septiembre de 2020. Durante una reunión, después de que ella dijese que no quería un abrazo, él le pidió que le enseñara las manos, se las cogió y las acarició mientras decía "qué rica eres". Ella retiró de manera brusca y se sintió "bloqueada y angustiada". A la mañana siguiente, le repitió "qué rica eres".
En noviembre, la llamó a su despacho para comentar un cambio de guardia que ella necesitaba para ir a Madrid a realizar un examen y, visitar a un médico por una cicatriz en la cara, él le puso la mano en la cara y se la acarició diciéndole "no se te nota nada, no necesitas nada, estás muy bien".
Días después, le insistió en que se quitara la mascarilla, ella se negó, él se acercó, la abrazó en contra de su voluntad y ella lo separó. Ya antes del abrazo, ella había percibido visualmente la erección de su superior y, cuando la abrazó, la apretaba con fuerza de las nalgas hacia él, con la clara intención de que se percatara de esa erección. Él llegó a decirle ese día "esto va a llegar hasta donde tú quieras, si quieres un abrazo será un abrazo, y si quieres algo más, habrá más". Ella dijo que era un simple abrazo.
Tras ese acontecimiento, cuando le llamó para una nueva reunión, el 23 de noviembre, ella sufrió una fuerte ansiedad, angustia y pánico, provocándole un mareo, pues temía lo que pudiera pasar en el despacho, teniendo en cuenta que era horario de tarde y ya no hay nadie en la Unidad, salvo el personal de guardia. Ante tal situación, decidió grabar la conversación con su móvil.
En esa reunión, volvió a abrazarla y le dijo frases como "¿te sientes incómoda si te llamo?", "¿y lo del abrazo te sentiste incómoda?", "hay abrazos y abrazos", "¿quieres un abrazo?", "me pones nervioso", "pues dame un abrazo de despedida", "esto no es muy decoroso", "a mí me llamas mucho", "a mí me atraes", "si yo te pido un abrazo y tú me lo das, yo encantado", "pues mi abrazo no es de amigo ¿eh?" o "no te vayas".