Ana Outerelo y Tamara Vidal. Durante meses, sus nombres fueron indisolublemente juntos en boca de todos. Trabajadoras ambas de las piscinas de Campolongo en el año 2010, un piquete informativo de la huelga para reivindicar un convenio para las instalaciones deportivas unió su destino. Ambas fueron identificadas y juzgadas por empujar al gerente del complejo deportivo de Pontemuiños y tirar un bote de pintura la piscina y condenadas por un delito de coacción a la huelga a tres años y medio de prisión.
Su historia es ya muy conocida en Pontevedra, donde miles de ciudadanos les apoyaron en sus actos públicos y firmaron su solicitud de indulto. Recibieron el apoyo de partidos políticos y medios de comunicación y de miles de españoles, pero, año y medio después, ese indulto no ha llegado. Ahora ya no hará falta. En base a la última reforma del Código Penal, el Juzgado ha sustituido la pena de prisión por el pago de una multa de 3.240 euros. Tamara ya no vive en Pontevedra, pero Ana sigue en Campolongo, donde trabaja desde hace 23 años, y allí concedió una entrevista en la que la acompañaron las lágrimas y un eterno agradecimiento: "fuimos privilegiadas dentro de este dolor".
Desde que se ha sabido el auto judicial dices que solo tienes la necesidad de dar las gracias a todos los que te ayudaron. ¿Qué te empuja a eso
Los dos sentimientos que tengo son agradecimiento y tranquilidad, porque era algo que necesitaba cerrar. En cuanto el día 1 se aprobó la reforma, yo hablé con Tamara y le dije: "yo no voy a esperar más por el indulto, mi madre es mayor y yo quiero pasar las navidades tranquilas con mi familia y contarle a mi madre que esta historia se ha acabado porque ha trabajado muy duro para pagarme una carrera y creo que se merece cerrar esto". Además, que creo que ya hemos sufrido muchísimo como para alargar este sufrimiento. Porque tú intentas estar feliz, venir aquí, estar jovial pero cuando estás sola en casa el agobio entra y yo no estaba tranquila.
Y la palabra ahora es tranquilidad, pero super agradecimiento porque si no llega a ser por todos mis alumnos, los jefes, los compañeros, la gente de mi ciudad y gente que ni me conocía y me paraba para darme un beso y muchísima fuerza... Si no fuese por todo eso, estoy segura de que tanto Tamara como yo nos hubiésemos hundido. También tenéis mucho protagonismo los medios de comunicación, gracias a todos vosotros los partidos políticos lo llevaron al Congreso y la ley se reformó.
¿Por qué crees que recibísteis tanto apoyo, que todos respaldaron vuestra lucha?
Los apoyos que tuvimos por parte de los políticos, de los ciudadanos, de todo el mundo son porque vieron que aparte de ser una condena desproporcionada esto le puede ocurrir a cualquier trabajador de España. Lo importante es que la pena era desproporcionada y que los españoles son inteligentes y, aparte de generosos, saben lo que es condenable y lo que no.
Llegas a una nueva etapa, puedes dejar todo eso atrás. ¿Cómo lo afrontas?
Yo lo que necesito es volver a mi vida cotidiana, a venir a trabajar, a cuidar a mi madre, a estar con mis amigos, con mi novio, con mi familia... Eso es lo que quiero. Lo afrontaré de nuevo con la energía que tenía porque yo soy una persona muy positiva, muy dinámica, pero estaba sintiendo que no era yo misma, que me faltaba algo. Ese algo era poder decirle a todo el mundo que tenía el caso archivado, que no se preocupase ya nadie más, que ya estaba todo acabado.
"Los ciudadanos vieron que, aparte de ser una condena desproporcionada, esto le puede ocurrir a cualquiera"
Ahora que ya ha pasado y puedes ver todo con un poco más de perspectiva, ¿cómo valoras tu condena?
Me lo dijo un juez, que muchos jueces desde un principio vieron que esa condena era desproporcionada, ir a la cárcel por manifestarte es desproporcionado, pero no hay mal que por bien no venga y se ha reformado la ley. Ahora ya no vas a la cárcel, te dan la opción de pagar para no ir a la cárcel.
Con todo lo que ha pasado, ¿volverías a participar en aquel piquete?
En aquel momento era mi primera manifestación e iba con el ideal de todo el mundo, buscábamos un convenio que regulase nuestra actividad profesional, y a mí nadie me obligó a ir y no me arrepiento de haber ido. Lo que sí, me decepcionó cómo fue el final. Y ahora, si me preguntas si volvería a ir, te diría que en estos momentos no porque en estos momentos solo la palabra manifestación me produce dolor. Esto es una cicatriz que va a llevar un poquito de tiempo curarla. Supongo que necesitaré un montón de tiempo para olvidar todo. En estos momentos solo esa palabra ya me produce dolor.
No cierras la puerta a largo plazo. Se te nota que aún confías en las manifestaciones y protestas.
Por supuesto, yo creo que la gente tiene que protestar y es que, además, es un derecho. La gente tiene que protestar, pero dentro de un orden, lo que no se puede permitir es que haya delincuencia, que alguien queme un contenedor o rompa una vitrina o tire un bote a la piscina. Creo en las manifestaciones pacíficas, rotundamente creo en ellas.
"En estos momentos solo la palabra manifestación me produce dolor"
El propio auto dice que ya habéis pagado una parte de la multa. ¿Cómo está ahora vuestra situación?
Ya hemos pagado todo, ya está cerrado y archivado. En el historial judicial quedan antecedentes, en el policial, no. A nivel administrativo queda nuestro nombre durante un tiempo porque no somos unas delincuentes comunes, pero yo, de hecho, ya me he ido al extranjero y no me paró la policía ni nada.
¿En todo este tiempo has tenido en algún momento la sensación de ser una delincuente?
Al principio, sí. Al principio lo que sentía era una vergüenza espantosa. No era capaz de salir al calle. Yo pensaba en la gente de mi barrio, en los profesores que me educaron, en mi parroquia, qué dirían... La gente que me conoce de cerca no hay problema, pero la gente que simplemente te conoce de vista me daba la sensación de que iba al supermercado y todo el mundo me miraba y que iba por la calle y todo el mundo me miraba. Ahora me arrepiento de haber sentido vergüenza porque lo único que hice fue intentar mejorar un convenio, tanto mis compañeros como yo, y por eso nos condenaron.
¿Cree que la labor sindical está muy criminalizada en este país?
A la vista está. La anterior ley no favorecía nada a la gente que quería protestar. Esto es un salto. No es la panacea porque pagas, pero prefiero pagar y no ir a la cárcel porque yo no soy ninguna delincuente, soy una persona normal y corriente.