A las 19.30 horas de este miercoles Loli Nores salió de su casa del lugar de Liñares para tender la ropa. Estaba en el tendal cuando "vin llamarada" en la parte de abajo de su casa y, de repente, "sentín unha explosión". Estaba viviendo en primera persona los inicios de un incendio que a partir de las 19.45 horas sembró todas las alarmas en la zona de Praceres y poco podía sospechar que ya no podría volver a entrar en su casa durante las siguientes cuatro horas.
La llama que vio se había iniciado en el recinto de la gasolinera situada a apenas unos metros de su casa y, en cuanto las Fuerzas de Seguridad tuvieron constancia de lo sucedido, se estableció un dispositivo de seguridad en el que se pidió a todos los vecinos que residían en un radio de 400 metros que abandonasen sus viviendas. Ella ya solo tuvo tiempo a entrar a coger una chaqueta y hasta las 23.30 horas, cuando los Bomberos y la Policía Local de Pontevedra comprobaron que no había peligro, no pudo volver a acceder.
Atrás quedaban poco más de tres horas y media de "angustia" para todo el entorno y, en especial, para los vecinos de las viviendas que rodean la gasolinera. Por seguridad, las policías Local y Nacional establecieron que no se podía permanecer dentro de cuatro casas.
Tres de ellas estaban en Liñares, pero en una no reside habitualmente nadie, de modo que los directamente implicados fueron los moradores de dos viviendas, unas 16 personas según los datos finales que la concejala de Seguridad Ciudadana, Carmen da Silva, pudo recoger en el lugar de boca de los vecinos. Del otro extremo de la gasolinera hubo una casa afectada por el perímetro de seguridad de la que la Policía Nacional pidió que saliesen dos personas más.
No fue necesario desalojar a nadie porque todos los vecinos fueron abandonando ya las viviendas ante el susto de ver las llamas a las puerta de su casa, pero agentes de la Policía Local sí que tuvieron que ayudar a salir a una mujer de avanzada edad que se mueve en silla de ruedas y que permanecería las siguientes horas resguardada en casa de unos vecinos.
Mientras los bomberos de Ponteveda y O Morrazo sofocaban las llamas y las policías Local y Nacional de Marín y Pontevedra, Protección Civil y la Guardia Civil establecían un cordón de seguridad para evitar mayores riesgos en la zona, una veintena de vecinos observaron desde un alto el discurrir de los acontecimientos. La mayoría no podían volver a sus casas y el resto vivían en las proximidades y compartían el "medo ao que poida pasar", pues recordaban la peligrosidad de un fuego en un recinto lleno de depósitos de gasoil y estaban asustados por la espesa nube de humo negro que se adueñó del cielo durante horas y el fuerte olor a quemado que impregnó el ambiente por momentos.
"Non hai mortos, non foi nada, pero o susto chegounos ben", valoraba en la zona Loli Nores. Todavía faltaba una hora y media para que pudiese volver a casa y tendrían aún tiempo por delante para compartir experiencias con los vecinos. "Explosións houbo bastantes", le contó su vecina Dolores Sartal, que reside en otro punto de la parroquia, pero estaba en las proximidades de la gasolinera cuando empezó el incendio. "Ao principio, co lume e explosións tiñamos medo a que explotase todo", añadió otro vecino.
"Susto? Imaxine o lume pegado á porta da casa", repetía Juan Carlos Meijón, que en los momentos iniciales del incendio llegó a coger una máquina de agua a presión para apagar un conato que se inició en la parte de su parcela más pegada a la gasolinera. En su casa pasaron miedo, en especial, por los tres niños menores de edad y porque no dejaban de imaginarse "que isto pasara ás dúas da mañá, cando todos estamos a durmir" y no les diese tiempo a avisar a los servicios de emergencia. Las suposiciones de lo que podría haber pasado se repetían en los corrillos de vecinos, que agradecían que el viento no hubiese avivadado las llamas hacia las casas, pues "menos mal que soplaba do norte, que senón...".
"Ao principio, co lume e explosións tiñamos medo a que explotase todo"
Estas vivencias las compartieron en un cruce de caminos del lugar de Meán con los concejales Carme da Silva y Demetrio Gómez, que permanecieron en la zona hasta que ya todos pudieron volver a sus casas, y durante buena parte de la noche también con el alcalde de Pontevedra, Miguel Anxo Fernández Lores. La tensión que se vivía provocó que en momentos puntuales los vecinos trasmitiesen a los políticos quejas y reproches porque "isto xa se podía ver vir", según mantiene una señora de 73 años residente en una de las casas afectadas. Juan Carlos Meijón les recordó que él presentó una denuncia por presuntas irregularidades en la gasolinera en el mes de septiembre de 2014.
La tensión se relajó a partir de las 23.00 horas. Minutos antes los bomberos habían dado por controlado el incendio, pero los mandos policiales y de los servicios de emergencias optaron por mantener el perímetro de seguridad durante un tiempo más por precaución. Los vecinos seguían fuera de casa, pero las caras dejaron de trasmitir tanta angustia y el alivio se adueñó de sus expresiones cuando, a las 23.30 horas, dos bomberos y varios policías fueron a buscarles para pedirles que les abriesen sus propiedades. Revisaron una a una todas las casas de la zona para comprobar si se habían visto afectadas por el fuego y si el humo generado por las llamas permitía que estuviesen en el interior.
La revisión tuvo resultados positivos, comprobaron que el fuego no quemó ninguna de esas propiedades y, pese a que el olor a humo lo impregnaba todo, no presentaba niveles inasumibles para el ser humano. El Concello de Pontevedra les había trasmitido que tenía preparado un protocolo de evacuación por el que se facilitaría que durmiesen en hoteles o incluso en un albergue privado -en caso de que hubiese un desalojo masivo-, pero no fue necesario, pues todos optaron por volver a su casa.
Un tiempo antes también habían podido regresar a sus domicilios otros ciudadanos afectados indirectamente por el incencio, personas que caminaban por la zona en el momento en que se estableció el perímetro de seguridad que no pudieron seguir su camino. María Pereira era una de ellas, acudió desde Marín a pie a la zona del poblado de Celulosas para atender a su suegra y, cuando regresaba a casa, "aquí quedé, empantanada", pues hasta las 23.00 horas la carretera vieja de Marín estuvo cortada.
Se quedó sin cazadora porque "se la dejé a una niña que estaba desalojada" y permaneció varias horas "muerta de frío", hasta que un policía local que no formaba parte del operativo de seguridad les llevó a su casa utilizando otra carretera diferente ella y a otro afectado, Ángel Luis Godar, que llegó a reprochar a Lores que no le facilitasen algún método para ir a su casa, pero los miembros del operativo policial le explicaron que lo hacían por motivos de seguridad.