Recurrir a la técnica japonesa del suicidio, reservada a determinadas élites de aquel país, viene como anillo al dedo tras la dimisión en diferido (Cospedal no lo tiene registrado visto lo visto) del secretario general de los socialistas gallegos. No es la primera vez que el PSOE en Galicia se somete a sí mismo a técnicas de autodestrucción.
Ni antes ni después de la salida de Touriño las aguas socialistas bajaron tranquilas. En un momento como el actual, con un tipo listo como Núñez Feijóo en retirada por las buenas (a Madrid o a la empresa privada) o por las malas (las urnas lo devuelven a la oposición), el PSOE no resurge. Al fin y al cabo, las entrañas aparatianas galaicas nada tienen que envidiar a las guerras fratricidas que, desde siempre, viven sus compañeros de Madrid (llámenle FSM, PSM o como quieran).
Gómez Besteiro no sólo debería haberlo dejado con las primeras investigaciones, sino que la decisión la tendría que haber tomado con anterioridad a su periplo judicial. Si alguien le pregunta a los votantes socialistas de Galicia por él, estoy seguro de que su popularidad (conocimiento) es mínima.
El harakiri era una técnica que, grosso modo, respondía a cuestiones de honor. En esta ocasión ni siquiera se da esto, y si no que se lo digan a Pedro Sánchez y a sus respuestas sobre Besteiro (si se demuestran las acusaciones sería “un disgusto personal y político”) o a Susana Díaz, aunque sus declaraciones tienen que ver con otros motivos.
Siendo malpensados, su renuncia a ser candidato manteniéndose al frente del partido ¿a quién interesa a corto y, sobre todo, a largo plazo (4 años)? Mirando a un lado y a otro resulta que solo se ven las Islas Cíes.
En definitiva, el harakiri japonés socialista a la gallega no cesa, aunque podría hacerlo con un simple movimiento. La técnica nipona estaba reservada a los hombres. Si sitúan a una mujer con experiencia política nacional, municipal y provincial, y con el Parque Natural das Illas Atlánticas en el horizonte como aspirante a la Xunta, tal vez pudiera vislumbrarse cierta claridad en medio de tanta penumbra.
De ese modo por lo menos los socialistas podrían, llegado el caso, volver a suicidarse. No obstante, en ese supuesto los periodistas ya no podríamos utilizar el término harakiri y, mucho menos, esas mamandurrias del honor.