Pontevedra, reconocida por su compromiso con la sostenibilidad y la accesibilidad, enfrenta una contradicción alarmante durante las festividades del Entroido: la celebración de "la huevada". En este evento, ciertos jóvenes participan en una batalla campal arrojándose huevos y harina, productos alimenticios de primera necesidad, transformando las calles en escenarios de desperdicio y suciedad.
Como votante del actual alcalde, me veo en la obligación de expresar mi indignación, no desde una perspectiva partidista, sino desde el sentido común y la coherencia. Esta no es una cuestión de colores políticos, sino de principios y responsabilidad social.
Esta práctica resulta especialmente preocupante cuando consideramos la realidad socioeconómica de nuestra comunidad. Según datos recientes, el 45% de los hogares pontevedreses enfrentan dificultades para llegar a fin de mes, superando la media gallega del 40% y situándose por encima de ciudades como A Coruña (43%) y Lugo (28%). Además, en Galicia, una de cada cuatro personas se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, afectando a cerca de 700.000 ciudadanos.
La Agenda 2030 de las Naciones Unidas establece 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que buscan erradicar la pobreza, proteger el planeta y garantizar la prosperidad para todas. La celebración de "la huevada" contraviene directamente varios de estos objetivos:
ODS 1: Fin de la pobreza: Mientras miles de gallegos luchan por satisfacer sus necesidades básicas, se permite el derroche de alimentos en actividades lúdicas.
ODS 2: Hambre cero: El desperdicio de alimentos en "la huevada" es un insulto a quienes padecen inseguridad alimentaria en nuestra región.
ODS 12: Producción y consumo responsables: Este evento promueve un consumo irresponsable y una gestión inadecuada de recursos esenciales.
Quiero hacer especial hincapié en la flagrante contradicción con la nueva ordenanza municipal de residuos, que busca posicionar a Pontevedra como la primera ciudad en España en aplicar estrictas normativas para evitar la suciedad en las calles. Mientras se prohíbe ensuciar el espacio público y se sanciona a quienes no gestionen adecuadamente sus residuos, se permite y hasta se tolera una práctica que convierte algunas calles en auténticas pocilgas, generando un impacto ambiental y económico negativo para las personas residentes y comerciantes de la zona.
Además, preocupa la falta de empatía y conciencia social que esta práctica refleja en parte de nuestra juventud. La normalización de actividades que implican el desperdicio de alimentos en un contexto de crisis económica y desigualdad social es alarmante.
En consecuencia considero necesario que las autoridades locales tomen medidas para reorientar las celebraciones hacia prácticas más responsables y solidarias, alineadas con los valores de sostenibilidad y justicia social que Pontevedra promueve.
Fomentar actividades que celebren nuestras tradiciones sin incurrir en el despilfarro de recursos contribuirá a educar a las nuevas generaciones en la empatía y el respeto hacia quienes enfrentan dificultades económicas.
Hago un llamamiento al Concello de Pontevedra para que revise y adapte las festividades del Entroido, eliminando prácticas como "la huevada" que perpetúan la insensibilidad social y el desperdicio, y promoviendo alternativas que reflejen el verdadero espíritu de comunidad y solidaridad que nuestra ciudad desea representar.
Victoria Abadía Calpena
Trabajadora social