Una "arrepentida" Rocío Gondar reitera que no mató a Secundino sola: "Albertina estuvo pegada a mí en todo momento"

Pontevedra
01 de abril 2016

Ni la Fiscalía ni, sobre todo, la acusación particular parecen dispuestas a dar un ápice de respiro a ninguna de las dos acusadas, al estar convencidas ambas partes de que las dos mujeres "se pusieron de acuerdo" no solo para matar a Secundino, sino también para planificar el crimen previamente

Rocío Gondar, una de las dos acusadas del crimen de Chancelas
Rocío Gondar, una de las dos acusadas del crimen de Chancelas / Mónica Patxot

A pesar de que "no sirve de nada", Rocío Gondar ha pedido perdón a la familia de Secundino Prego por haberle matado. "Estoy muy arrepentida de lo que hice", ha señalado tras ejercer su derecho de dirigir unas palabras al jurado popular al término de la vista oral del juicio por el crimen de Chancelas. Pero ha reiterado que no lo hizo sola y que la otra acusada, Albertina Táboas, "estuvo pegada a mí en todo momento".

Con esta última afirmación, la joven trataba de desacreditar la tesis del abogado de Albertina que, tras sostener inicialmente su inocencia, ha reconocido ahora que es autora de un delito de encubrimiento -penado con tres años de prisión-, al demostrarse, principalmente a través de las llamadas al 112 y a la Guardia Civil que "ayudó a la responsable del crimen a eludir su responsabilidad fingiendo un robo", como apuntó el mismo letrado.

Para Rocío son "excusas", algo que ha asegurado que "me fastidia" porque señala a la otra acusada como la autora intelectual del crimen y la que le indujo a matar a Secundino. "Se crea o no que pasé miedo, lo pasé", ha añadido la joven.

Para ella, el abogado Juan Carlos Janeiro ha pedido al jurado popular -que no se reunirá hasta el lunes para deliberar- un veredicto de inocencia al entender que su cliente es "inimputable" al concurrir en este caso la eximente de haber actuado ante un "miedo insuperable" y en plena alteración mental como acreditan sus informes psiquiátricos.

Si no acepta esa eximente, la defensa de la joven pide que se considere su trastorno de personalidad como un atenuante "muy cualificado", al que suma también el atenuante de haber confesado el crimen, tanto ante la policía como en la vista oral, y haber colaborado con la justicia para esclarecer el caso.

Pero ni la Fiscalía ni, sobre todo, la acusación particular parecen dispuestas a dar un ápice de respiro a ninguna de las dos acusadas, al estar convencidas ambas partes de que las dos mujeres "se pusieron de acuerdo" no solo para matar a Secundino a las puertas de su domicilio de Chancelas aquel 2 de febrero de 2014, sino también para planificar el crimen previamente.

Así, el abogado que ejerce la acusación particular en nombre de los hijos de la víctima ha elevado a 25 años su petición de cárcel para las dos acusadas. Entiende que durante el juicio su culpabilidad ha quedado demostrada de forma "clara y rotunda", en vista de los testimonios, las pruebas y los informes forenses que se han aportado durante estos cinco días de juicio.

Ambas serían culpables, ha señalado en sus conclusiones, de un delito de asesinato sobre el que concurren además las agravantes de alevosía, ensañamiento y recompensa, esta última al entender que el móvil del crimen fue económico.

Para él, Albertina es una "gran actriz" y una mujer "codiciosa" al urdir el asesinato para hacerse con el dinero y los bienes recogidos en la herencia, mientras que Rocío "no mató por miedo", como declaró ante el tribunal, sino ante la oferta de 5.000 euros recibida por su ayuda para matar al anciano, dinero ofrecido por una mujer que, según el letrado, "es igual de autora que Rocío" al ser la responsable de "dirigir" el crimen.

Además, pide al tribunal que se declare la nulidad de la cláusula del testamento de la víctima por la que Albertina Táboas se convertía en su heredera universal y que ambas acusadas indemnicen a los hijos de Secundino con 300.000 euros.

La Fiscalía, por su parte, rebaja esa cuantía a los 50.000 euros, y ha mantenido la petición de 20 años de prisión por un delito de asesinato, al entender que las dos mujeres que se sentaron en el banco de acusados de la Audiencia actuaron "por sorpresa y a traición", aprovechándose de la "confianza" que la víctima había depositado en ellas y provocando que Secundino "no pudiese defenderse en absoluto".