En la Navidad del año 2013 Miguel Sanmartín Argibay golpeó a su novia, la agredió sexualmente introduciéndole en la vagina un bote de spray y una botella de cava y, posteriormente, la asfixiou causándole la muerte. Los hechos los relata la Fiscalía para acusarle de los delitos de asesinato y agresión sexual, pero el propio acusado los reconoció este lunes ante el tribunal que le juzga en la Audiencia Provincial de Pontevedra. Respondiendo con monosílabos y sin entrar en detalles, confesó todos los hechos, pero, en su defensa, alegó que lo hizo estando bajo los efectos del alcohol.
La acusación particular, que ejerce la Xunta de Galicia, y el fiscal piden que sea condenado a 35 años de cárcel por un delito de asesinato y otro de agresión sexual, mientras que la abogada defensora del procesado pide que sea considerado autor de un delito de homicidio por imprudencia, pues él no tenía intención de matar a su víctima y que, como tal, se le impongan dos años de prisión.
A preguntas del fiscal del caso, y ante un jurado popular que deberá deliberar sobre su responsabilidad penal en los hechos, Miguel Sanmartín reconoció que tras darle un número de golpes que no recuerda, violarla y apretarle el cuello, le tapó la boca y los oricios nasales, pero que no tenía intención de acabar con su vida. ¿Por qué lo hizo? Según sus propias palabras, "supongo que por el estado en que estaba". Ese 'estado' es la embriaguez, pues explicó en la sala que "sé que bebí mucho, pero no sé cuánto".
La Fiscalía y la acusación piden que sea condenado a 35 años de prisión, pero la defensa lo rebaja a dos
Esa falta de consciencia de las reacciones desproporcionadas que tiene contrasta con sus antecedentes, pues el acusado permaneció tres años y medio en prisión por haber maltratado a su padre. Él mismo lo reconoció en la sala, recordando exactamente el día que quedó en libertad, el 14 de abril de 2012. Un año y medio después, el 25 de diciembre de 2013, presuntamente mató a su novia.
El acusado no recuerda en qué momento abandonó la casa tras el crimen, pero la acusación particular mantiene que, tras matarla, fumó un cigarrillo en el salón. La abogada insiste en la "gran violencia del ataque", pero carga tintas de forma más insistente a la hora de relatar la "frialdad de ánimo" de una persona que comete el brutal asesinato y se queda en el mismo salón en el que el cuerpo estaba tendido en el suelo.
A pesar de los numerosos golpes, los vecinos del edificio que declararon este lunes en la Audiencia aseguraron que no sintieron nada esa noche y solo notaron algo extraño al día siguiente, cuando a media mañana vieron la puerta del piso de la fallecida abierta. El juicio deberá permitir fijar en qué momento quedó abierta, pues presuntamente el procesado la dejó así al salir, pero no se ha concretado a què hora.
La víctima, Isabel Pérez Fraga, ya había mantenido una relación con el presunto asesino en el pasado y presuntamente la había retomado poco antes del crimen, pero su familia la desconocía. De hecho, su hermano, Francisco Manuel, relató a la sala que tan sólo había visto al acusado en una ocasión en casa de su hermana en Marín.