Ni ideas ni compromiso, al menos esa sensación dan más de uno de los que cada jornada saltan al campo vistiendo de granate. La consecuencia es un partido más con poco fútbol, menos ocasiones y una nueva decepción para la más que hastiada afición pontevedresa.
Cuando la propuesta exhibida está limitada a que la salida de balón la hagan los centrales o incluso los laterales, buscando los balones en largo. Cuando los centrocampistas no aparecen en la construcción. Cuando las bandas no existen para poner un centro en condiciones. Y cuando los delanteros que supuestamente tienen gol fallan una tras otra las escasas ocasiones que el equipo consigue crear, las posibilidades de salir airoso en cualquier partido pasan inevitablemente por confiar en que el rival lo haga incluso peor que tú.
Lo sucedido en los primeros 45 minutos entre Pontevedra y Silva se puede resumir recurriendo al símil taurino: trasteo intrascendente. Mover el balón (o el "trapo") sin profundidad ni peligro. Dominar al rival únicamente por las precauciones de éste, que no por mejor juego, pero repetir parecido argumento que en el partido de Copa Federación frente al Boiro, no disparando ni una sóla vez con peligro entre los tres palos. O mejor dicho, una, la única en todo el primer tiempo, en el minuto 19, pero en posición de fuera de juego, lo que invalidó el remate de Jorge a centro de Fran Fandiño, que terminó en el fondo de la red.
Antes y después, la nada absoluta. Porque si el Pontevedra no creaba, el Silva sólo pasaba del centro del campo cuando como consecuencia de un despeje en largo la pelota terminaba en la esquina.
En esas estábamos cuando rebasada la media hora una entrada de Adrián sobre Cata, con los tacos por delante pero a ras de hierba, es aprovechada por el jugador visitante para echarle teatro a la cuestión, acompañando su caída con un grito a lo Tarzán. El árbitro se dejó impresionar y lo que era una justa tarjeta amarilla lo transformó en una excesiva roja directa, dejando a los granates en inferioridad con una hora de juego por delante.
Curiosamente aún con uno menos el Pontevedra tuvo más la pelota, pero casi idéntica falta de profundidad. Y cuando la hubo, en una jugada de Centrón, con pase medido a la espalda de los centrales, Jorge no aprovechó el regalo (minuto 38) siendo incapaz de salvar al portero visitante en el mano a mano, cuando casi se cantaba el gol.
Por si las desgracias locales fuesen pocas, en el tiempo añadido de la primera parte, Fran Fandiño, de los pocos que al menos le estaban echando ganas, resulta lesionado con un probable esguince de tobillo, obligando a su sustitución.
Y así se llegó al descanso. Con un gol anulado y una sola ocasión clara malograda por el Pontevedra, como único bagaje ofensivo entre ambos equipos.
Si la primera parte fue mala, la segunda no fue mejor. A pesar de estar uno menos el Pontevedra siguió dominando territorialmente pero con la misma falta de ideas y profundidad. Una falta de Jacobo, que se fue alta. Otra de Mouriño, floja, al centro y sin peligro. Una chilena de Pablo Carnero, por encima del travesaño, y pare usted de contar. Fueron las únicas llegadas con algo de peligro hasta el descuento, en que se pudo resolver el partido y salvar los muebles, que no la imagen.
Mientras, el Silva se limitaba a esperar atrás. Más que tímido, timorato. Sin terminar de creerse que pudieran sacar algo más. Sus escarceos ofensivos siguieron limitados a los saques de esquina, pero sin realizar un sólo disparo a puerta. Y eso quizás salvó al Pontevedra de una debacle mayor.
Porque el empate duele, pero lo hace más si se toma en consideración el bajísimo nivel futbolístico que ofreció el rival. Y extraña aún más, quizás como síntoma a medio camino del desacierto y la falta de confianza que invade a los granates, que si en la primera parte fue Jorge quien no fue capaz de aprovechar la mejor ocasión, en la segunda fuese otro delantero con olfato, como Pablo Carnero, quien perdió una oportunidad de oro, la única en los últimos 45 minutos, que llegaba en el tiempo de descuento, minuto 91, en un balón de Jacobo que deja sólo al delantero, pero lo estrella en los pies del meta Manu.
El final del partido llegó con justa música de viento llegada desde la grada. El enfado de una afición que acudió en menor número a Pasarón, con la peor entrada de lo que se lleva de temporada. Divorcio evidente y que deja la duda sobre el futuro del técnico, Manu Fernández, que podría desde la grada haber vivido su último partido al frente del equipo.
PONTEVEDRA CF (0): Lloves (1); Adrián (1), Pablo (1), Campillo (1), David Feito (1); Mouriño (2), Fran Fandiño (2), Kevin Presa (1), Centrón (0); Jorge (0) y Pablo Carnero (0).
Sustituciones: Pedro García (0) por Fran Fandiño, minuto 46. Jacobo (1) por Centrón, minuto 67. Anxo (2) por David Feito, minuto 71.
SILVA SD (0): Manu (2); Cardelle (1), Miguel (2), Rebollo (1), Chiqui (1); Cata (2); Matías (0), Uzal (2), Marcos Gómez (1), Carlos Rey (0); y Movilla (1).
Sustituciones: Álvaro (0) por Movilla, minuto 60. Xoel (s.c.) por Matías, minuto 72. Migueliño (s.c.) por Carlos Rey.
Árbitro: Saúl López Parga (Lugo), auxiliado en las bandas por Gonzalo Gómez Lemos y Omar López Parga. Expulsó con roja directa al jugador local Adrián (minuto 31). Amonestó a Pablo y Campillo, por el Pontevedra, y a Movilla, Cardelle y Xoel, por el conjunto coruñés.
Incidencias: Estadio Municipal de Pasarón (Pontevedra). Unos 900 espectadores.