Once años de prisión por abusar de la hija de su pareja entre los 14 y los 16 años y justificarse en que ella lo "provocaba"

Pontevedra
28 de marzo 2022

La Audiencia le condena por tres delitos de abuso sexual y considera probado que al menos en tres ocasiones abusó sexualmente de la hija de su pareja, que presenta estrés postraumático. En su declaración en el juicio, el acusado reconoció los episodios de abuso, si bien afirmó que era la propia víctima "la que le provocaba"

Concentración del Colectivo Feminista de Pontevedra en apoyo a Olga y su hija
Concentración del Colectivo Feminista de Pontevedra en apoyo a Olga y su hija / Mónica Patxot

Once años y dos meses de prisión. Esa es la condena que deberá cumplir un vecino de Poio que en tres ocasiones abusó sexualmente de la hija de su pareja, una menor que tenía 14 años cuando se produjo el primer episodio de abusos y 16 cuando ocurrió el último. Entre medias, dos años en los que la gravedad de los hechos, ya de por sí graves la primera vez, fueron en aumento, y la menor acabó presentando síntomas de estrés postraumático que un psicólogo ve "atribuible a la situación de abuso" sufrida

La sección segunda de la Audiencia Provincial de Pontevedra juzgó al ahora condenado en octubre del año pasado a puerta cerrada para preservar la identidad de la menor, que en estos momentos ya es mayor de edad. En el exterior del juzgado, tanto la víctima como su madre recibieron el apoyo de una pequeña representación del Colectivo Feminista de Pontevedra. 

Los hechos por los que ahora ya hay sentencia empezaron en el año 2016, se denunciaron en 2018 y llegaron a juicio en 2021. Cuando ocurrieron los hechos, la madre de la víctima y el acusado llevaban diez años de relación sentimental y tenían dos hijas en común. La víctima era hija de ella de una relación anterior. 

El propio acusado, en su declaración en el juicio, tal y como recoge la sentencia, reconoció los episodios de abuso, si bien afirmó que era la propia víctima "la que le provocaba".

El primer episodio ocurrió en el verano del año 2016, cuando toda la familia vivía en Vigo. La madre de la niña se había ido temprano a trabajar y él le dijo a su hija, que entonces tenía 14 años cumplidos, que se acostara en la cama matrimonial, en la que también dormía la bebé recién nacida hija de la pareja. En ese momento, el ahora condenado actuó "movido por el ánimo de satisfacer sus deseos sexuales" y le realizó tocamientos.

Poco después, la familia se mudó a vivir a Poio y fue allí donde se produjeron los abusos. El siguiente ocurrió dos años después, en agosto de 2018, cuando el acusado dormía en la litera baja con su hija pequeña, aprovechó para levantarse y, de nuevo, "movido por el ánimo de satisfacer sus deseos sexuales", le realizó de nuevo tocamientos, esta vez más íntimos todavía hasta que ella se despertó.

Ya dos meses después, el 8 de diciembre de 2018, mientras estaban solos en la casa familiar, aprovechándose de que su mujer había ido a una cena de empresa, según declara probado la sentencia, entró en la habitación de la chica cuando ella estaba acostada y "sin permiso de la menor y movido por el ánimo de satisfacer sus deseos sexuales", abusó de ella ya con acceso carnal y oral.  

La Audiencia considera probados tres delitos de abuso sexual, uno de ellos "con acceso carnal e introducción de objetos" y todos cometidos con la circunstancia agravante de parentesco. Por dos de los delitos le impone un año y siete meses de prisión y por el tercero, ocho años. 

Además, por los dos delitos de abuso sexual la Audiencia también le impone tres años de pena de prohibición de aproximarse a menos de 300 metros de la víctima, de su domicilio, lugar de estudio o trabajo o cualquier otro en el que se encuentre, y la pena de prohibición de comunicarse con ella por cualquier medio y por el tercer delito diez años de prohibición.

Además, se le impone al acusado la medida de libertad vigilada durante seis años tras la salida de prisión. 

La Audiencia pone en valor el testimonio de la víctima, que hizo una declaración "espontánea, sin que intentara culpabilizar al acusado, explicando los hechos con sencillez y como ella los recordaba" y que es "fue verosímil, coherente y firme".

La chica declaró, según recoge la sentencia, que el acusado era su  padrastro y no tenía buena relación con él porque "era muy agresivo y le pegaba a ella y a su madre" y que esta situación duró hasta que ella cumplió 13 o 14 años y posteriormente su actitud cambió y dejó de pegarlas.  

Narró también en el juicio que no tenía una relación afectiva de besos y abrazos con el acusado, pero que éste "le decía frases extrañas, como que debía afeitarse el vello púbico".

Tal y como recoge la sentencia, cuando la víctima contó a su madre el tercer episodio de abusos, su madre habló con el acusado y él "se tiró al suelo de rodillas pidiéndole perdón", diciéndole que la víctima "le provocó". El tribunal de la Audiencia Provincial apunta que el acusado en ese momento se calló un detalle importante, que la víctima, cuando ocurrió ese tercer hecho, "estaba borracha y drogada".