Mi paseo diario, un plan perfecto para desconectar, la radio me acompaña. Voy con los auriculares puestos para disminuir mi sensibilidad al frío. Hoy toca la ruta junto al mar, algo relajante que te permite pensar con más claridad. Mucho de lo que escribo surge en esas caminatas. Lo que veo, lo que escucho, mis razonamientos surgen en esa ventana.
Regreso hacia casa y me encuentro con Pepa, la señora del andador que busca los rayos del sol cada día para aposentarse en una esquina u otra de la calle. Siempre nos saludamos y hablamos un ratito. Los temas que más le gustan son el tiempo o los viejos tiempos, pero hoy la observo retraída, como asustada, aparenta miedo pero no logra verbalizarlo. Me acerco más a ella, la cojo del brazo y me dispongo a hacer un pequeño recorrido por el barrio.
Ya, un poco más tranquila después de hablar de lo caro que está la cesta de la compra, la luz y la calefacción, me dice que no puede ir a ver a su sobrino porque hay un africano en el portal, que prefiere no arriesgarse.
─Pero Pepa, ¿Te ha pasado algo con él?.
─No, pero tal y como están las cosas.
Intento ofrecerle otra perspectiva o lo que entiendo yo como una visión más amplia, indicándole que casi todos los extranjeros están integrados, no dan ningún problema. Además, ese es Ibrahim, un vecino que ya lleva tiempo por aquí, se da la circunstancia de que lo conozco, vive en el edificio de al lado, es buena gente. Su forma de ser y de estar, tiene un semblante dulce, agradable, no lo hace sospechoso de nada.
Hago el ademán de acompañarla para hacer la visita prevista al familiar, pero Pepa no me sigue. Se mete las manos en los bolsillos y se sienta en el respaldo del andador, observando todo el panorama tal cual sereno. Al fin y al cabo, ella también hace labores de vigilancia, anuncia la hora, las variaciones atmosféricas; sólo le falta el silbato.
Es evidente que el conjunto de exageraciones y mentiras, que dan una visión distorsionada de la inmigración ha calado en la sociedad. Todos debemos reflexionar, alejarnos para ver el conjunto: ¿con que facilidad nuestra civilización está dando voz a la barbarie? ¿Qué antídoto necesitamos para luchar contra esa inercia?, pero sobre todo acercarnos al otro para ver el detalle.
Saber cuál es nuestra verdadera realidad que no es otra que, somos un país que hemos pasado de ser emisores de emigrantes a receptores de inmigrantes, la inmensa mayoría integrados y mejorando nuestra sociedad.