Siempre ha estado claro quienes mandan en el mundo; los que tienen poder para ello. Y para tener poder el dinero es muy útil, porque puede comprar casi todo, incluso la dignidad de las personas.
Lo que pasa es que normalmente los ricos de verdad, los milmillonarios como se denominan ahora, solían disfrutar su influencia en la sombra, manejando las estructuras de poder con sus hilos oro, como quien maneja marionetas. Sin embargo, en los últimos años, los multimillonarios han dejado de ser anónimos; en parte por los medios de comunicación y, en parte porque a muchos de ellos les gusta aparecer y mostrar su riqueza, su poder y exhibir sus posesiones y su supuesta vida glamurosa. Digo supuesta, porque, en muchos casos, detrás del glamur se esconden diversas miserias humanas y éticas.
El último episodio de este tipo de exhibicionismo se acaba de producir durante la campaña electoral en Estados Unidos. Un líder sin ningún tipo de escrúpulos para mentir, prometer, engañar, intoxicar, amenazar y exhibir el más absoluto desprecio por la gente, ha alcanzado el poder; votado en muchos casos por gentes humildes, que non son conscientes de la farsa, porque su nivel cultural no da para interpretar los mensajes y ver, detrás de frases simples con falso amor patriótico, el verdadero interés del líder y sus compinches: SU propio interés.
Poseen los medios de comunicación, dinero a espuertas y van a tener a su disposición los impuestos de los ciudadanos para dedicarlo a desarrollar los campos que más les importan, aquellos en los que han hecho y están haciendo su propia fortuna: la tecnología, las armas, las materias primas importantes y los medios de comunicación que les permiten manipular a las masas con su desinformación - bueno, con la información que les interesa a ellos, aunque sea totalmente falsa-. En cuanto a los servicios públicos, abolidos, no producen beneficios financieros.
Pero si esto es grave, más grave es que utilicen el mundo como su propiedad y a las personas como esclavos. Para ellos no existe el cambio climático, porque perjudica sus intereses - el petróleo sigue siendo el gran negocio -, los derechos humanos valen solo si les conviene e incluso pretenden regular los mercados para favorecerse a sí mismos, aún siendo liberales en el sentido moderno del término, que no tiene nada que ver con la libertad, sino con "los mercados se autorregulan"-curiosamente siempre a favor de los que poseen más capital-. Por otra parte, la independencia de los países es relativa, dependiendo de sus intereses.
La guinda del pastel libero fascista y supremacista es el hecho de que se permitan ignorar absolutamente a varios millones de personas, porque sus amigos quieren disponer de un trozo de tierra que lleva ocupado por ellos, los Palestinos, durante siglos, hasta que la mayor parte les fue usurpada por una controvertida decisión política tras la 2º guerra mundial, para solucionar el problema de los judíos en Europa; dejándoles dos trocitos para vivir hacinados y subvencionados, sin posibilidad de desarrollarse, y de los que llevan erradicándolos durante décadas. Un pueblo sin estado, sin ejército, sin derecho a conservar su pequeño territorio; aunque " en 1947 la Asamblea General de la ONU adoptó la Resolución 181, en la que se decidió dividir Palestina en dos Estados, uno árabe y otro judío, con la ciudad de Jerusalén bajo control internacional-".
¿Dónde está el estado Palestino? ¿Vale para algo la ONU, si hay países que pueden vetar y saltarse gratis sus resoluciones y normas? Pues esta especie de teocracia, donde reina el dios Trump rodeado de sus socio apóstoles financieros, acaba de decidir echar a los palestinos que sobrevivieron al holocausto televisado - díganme Vds. qué es si no bombardear a un pueblo sin capacidad defensiva - a los países limítrofes, como si les estuviera diciendo "os paso estas ovejas, que me molestan, que quiero hacer un resort para mis colegas.”
En resumen, un gobernante que decide sobre países, personas, vidas y derechos a antojo, saltándose todas las normativas que se han desarrollado durante décadas para regular la convivencia pacífica entre las naciones y evitar guerras e injusticias y abusos, que son siempre injusticias. Y, si no estás de acuerdo, te pongo aranceles ¿Para cuándo la cabeza de caballo en la cama?
Arturo Neira.